Juan Arnau: Mr. Monegros

Muchas veces has querido conocer la opinión que el creador de este monstruo llamado Monegros Desert Festival tiene de su criatura, y ahora es el momento: Juan Arnau, el propietario de Florida135 y padre del festival del desierto como lo conocimos antes -de pequeño formato, familiar y rural- y como lo conocemos ahora -a gran escala y con el mejor cartel de Europa-, habla en esta entrevista para la web sobre los orígenes de la fiesta, anécdotas varias y algunas de las novedades de este año. Ahora podrás conocer más cosas de Monegros en rigurosísima primera persona.

Primero de todo, algo que mucha gente todavía pregunta… ¿cómo comenzó la aventura de Monegros?
El primer Monegros nació de fijarnos en las raves que se hacían en Francia y Alemania. Sí, a principios de los noventa, cuatro o cinco años antes del primer Sónar, cuando en Florida135 todavía estábamos programando mákina, ya nos íbamos Mari Cruz y yo por ahí fuera para ver qué se hacía en otros países. Eran raves muy duras, incluso llegamos a sacar una frase que repetíamos todo el rato que era 'qué dura es la vida del raver'. A las raves íbamos para perseguir a los DJs, a Farfa, a Garnier, para ver si los podíamos traer al club. A Garnier lo seguimos por cinco fiestas seguidas…

¿Y entonces Monegros nació como una imitación?
No exactamente. Un día se nos ocurrió hacer una barbaridad, que fue invitar a la gente a Monegros a escuchar música y comer unas sardinas tras el cierre del club. Queríamos crear un estímulo para que la gente viniera a Florida, y lo anunciamos como 'Monegros Desert Party', una especie de after con Nando Dixkontrol, que entonces pinchaba los domingos. El flyer era un pasaporte con un camello de Camel fusilado sin ningún reparo, un pasaporte para una fiesta diferente. Y nada, montamos 2.000 watios de sonido a las seis de la mañana, y llevamos allí a trescientas personas. Tuve que pedirle permiso a mi tía Joaquina, que es la dueña de la finca, y ella no entendía nada. '¿Cómo puede ser que vaya a venir la gente desde Barcelona para hacer una fiesta en el desierto?', me decía.

¿Cómo fueron los primeros años?
Perdíamos dinero todos los años. En la segunda edición éramos 1.300 personas, más o menos, pero vimos que funcionaba, y que era un buen reclamo publicitario para el club, pero ver el crecimiento fue duro porque aún así se perdía dinero. Fueron años preocupantes. Organizar algo en los Monegros no es fácil, tiene un coste muy importante, y además era una aventura muy familiar en la que trabajábamos yo, mi mujer, mis padres, mis tíos…

En Monegros habrán pasado mil cosas en estos diez años. Hablemos de anécdotas. Por ejemplo, en el 2000 se desató una ventisca tremenda que hizo cerrar el Open Air. ¿Cómo la viviste?
Nosotros queríamos cerrar aquel año, anular el festival, pero el alcalde de Fraga nos dijo que ni se nos ocurriera. El festival tenía que hacerse. La verdad es que es muy raro que se produzca una ventisca en Monegros, porque julio es el mes de más calor del año, y nunca hay tormentas. No las hay en todo el año y menos en julio… A veces hay vientos de 20 km/h que soplan fuertes porque aquello es planicie, pero nunca hay vientos huracanados.

¿Hubo miedo?
Algunos artistas no querían actuar, de eso sí me acuerdo. Herbert, por ejemplo, no quería subir al escenario, no se atrevía a pinchar con el viento. Le tuve que convencer personalmente, le dije que me subía con él a su lado. Y al final actuó. A partir de ese año fue cuando instalamos en la cabina del Open Air lo que llamamos el 'papa móvil', una cabina reforzada en los laterales para evitar que el viento se lleve los vinilos. ¡Lo bueno de aquel año es que nadie se quejó! La gente se pensó que el viento era normal, lo que demuestra que el público viene a Monegros también por la aventura.

¿Tampoco se quejaron los DJs?
Hablamos con muchos de ellos y a casi todos les parecía normal el viento. Ellos han pinchado en festivales del norte de Europa en los que las condiciones son peores y la gente sigue bailando aunque caigan chuzos del cielo. La gente va a la aventura y va predispuesta, incluso a la climatología adversa. Y es que Monegros es un festival adverso, y no por el viento, que ha sucedido sólo un año, sino por el calor. El primer enemigo nuestro es el calor, porque estamos veinte horas ahí con un calor brutal. Por eso este año hemos aumentado más las zonas de sombra y los escenarios en forma de carpa.

El año pasado cayó una breve lluvia. ¿Qué pasará si llueve este año?
Sí, el año pasado llovió y no se movió nadie. Y este año, si llueve, será lo mismo, una tormenta de verano que como mucho puede durar una hora. En ese caso, sólo pararíamos el Open Air y el resto de escenarios seguirían funcionando. La lluvia sería un aliado de Monegros, porque llueve poco y rápido, y porque el suelo, al estar tan seco, absorve el agua rápido y se crea una sensación fresca. No ha sucedido nunca en Monegros que llueva a mares. El día en que llueva mucho en Monegros, significará que en Galicia se están ahogando.

Después de todo este tiempo, ¿qué crees que hace especial a Monegros?
Primero, que no es un festival urbano. Lo bonito de Monegros es que es una aventura, y una aventura rápida, que es visto y no visto. Pasa enseguida, y además no te tienes que preparar mucho. En ese sentido, se la puede permitir todo el mundo, porque sólo necesitas un coche para ir. En otros festivales, que duran dos o tres días, necesitas prepararte con antelación, reservar hotel… En Monegros no, puedes decidir ir allí la misma noche si se tercia. Y cuando ya estás agotado es cuando el festival se acaba, así que se vive intensamente hasta el final.

¿Cómo conseguíais traer a los DJs en las primeras ediciones? Suponemos que les extrañaría ir a pinchar a un desierto…
A los DJs les engañábamos, primero para pinchar en el club. Les decíamos que estábamos en Barcelona, y cuando bajaban del avión les decíamos que íbamos en coche aquí al lado… hasta que llegaban a Florida. Y con Monegros igual: les decíamos, 'venid a Fraga', y luego se daban cuenta de que estaban entrando en una rave. Muchos nos habrían dicho que no de entrada, porque Monegros no es un festival normal… Pero ahora ya todos se apuntan. Antes muchos venían por compromisos de booking.

¿Y te esperabas que se convirtiera en un festival tan grande?
No, no esperaba este monstruo. Ahora no podría hacerlo de primeras tan grande. Para mí el festival ha sido como educar a un hijo, lo puedes hacer poco a poco, durante años, pero no sería capaz de educar a una persona a los dieciocho años. Y con Monegros pasa un poco lo mismo, que lo puedes hacer crecer cuando es muy pequeño, pero ahora no me podría meter en algo así sin la experiencia previa. Ahora hay más de diez personas que hacen lo que hasta hace poco tratábamos Mari Cruz y yo.

¿Está pensado Monegros para el cliente de Florida135?
El cliente es lo primero. En el club y en el festival queremos estar desde que se abre y hasta que se cierra. Esto no es sólo un negocio de venta de tíckets. A mí me gusta el trato personal al cliente, en el club y también en el foro de la web, muchas veces respondo yo personalmente a las dudas o las quejas de los usuarios. De los artistas que traes a pinchar no vives, pero del cliente sí. Y en la entrada de Monegros queremos cuidar al cliente al máximo. Nosotros damos dos consumiciones, una copa y una cerveza, porque hay gente que viene a Monegros que no tiene tanto poder adquisitivo. Hay gente que sí, claro, pero hay un sector que no se puede permitir más que los 45 euros de la entrada, y queremos que con esos 45 euros puedan tener un regalo, la cena, dos bebidas… Que sea un festival para todos.

¿Trabajas mucho durante el festival?
No, porque me gusta delegar. En el festival no trabajo, sino que padezco. Me preocupo por que todo funcione bien, la seguridad, recibir a los artistas en la puerta, que es algo que les gusta, atender a las autoridades… No quiero estar encima de los temas, porque si le pido a alguien que haga algo es porque lo hace bien, si no lo estaría haciendo yo. Mi padre también padece mucho. El año pasado fue muy duro, porque estuve de cuatro a siete de la noche en la carretera, disculpándome personalmente con toda la gente que estaba haciendo cola y no podía entrar porque se habían agotado las entradas, coche por coche. Quizá no era necesario, pero nosotros lo quisimos hacer.

Por cierto, hay gente que se queja de que no puede conseguir merchandising del festival…
Sí, cada año se agota, pero es porque se hacen tiradas pequeñas y tarde o temprano se acaba. No queremos que el merchandising de Monegros sea masivo, precisamente porque es un recuerdo para quien viene al festival y se quiere llevar un recuerdo. Este año, como el festival crece, tendremos más, pero tampoco se ha multiplicado. Eso sí, la carpa de venta sí será más grande.

¿Qué mejoras incluye este año el festival?
Hemos multiplicado por cuatro la capacidad del festival para absorver vehículos, vamos a hacer los dos parkings nuevos que se han anunciado en la web, que además estarán iluminados y controlados por las fuerzas de seguridad, al lado de la carretera… Y el recinto del festival tendrá un 30% más de extensión. El año pasado fallamos en varias cosas, en la señalización de las carreteras, y en la falta de previsión en cuanto al público que nos venía, que hizo que las barras y los lavabos se quedaran insuficientes. Este año, pues, vamos a triplicar las barras y los WCs. Si al final caen artistas o hace demasiado calor no podremos hacer nada, serán imprevistos que no podremos resolver, pero todo lo que está en nuestra mano queremos mejorarlo porque es nuestra responsabilidad.

¿Esperáis más gente que el año pasado?
Eso nunca se sabe. Nosotros hemos diseñado el festival este año para que, si viene la misma gente que en el 2003, unas 30.000 personas, todas puedan estar cómodas. El año pasado fue una sorpresa, y este no sé qué pasará. Habrá una campaña de televisión, nos apoyan muchos medios de comunicación… no sé qué va a pasar. Yo creo que este año sabremos con seguridad dónde está el techo del festival, hasta dónde podremos crecer, y vamos a tantearlo. Mi idea, de todos modos, no es ir a reventar, sino conseguir que la gente está cómoda. Y si vienen 40.000 personas, estar preparados para ello. Eso sí, con los servicios con los que contamos este año, podremos atender bien hasta 35.000 personas.

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