|

La discografía de Thievery Corporation
Rob Garza y Eric Hilton son posiblemente
las caras más visibles y respetadas de la mal llamada
‘chill out music’. Pocos grupos o artistas han
conseguido la longevidad y el éxito de ventas de estos
dos amigos de Washington DC en sus buceaos por aguas de narcolepsia
sonora: un tipo de electrónica que no suele tener héroes
duraderos. El éxito del dúo se debe quizás
a su marcada personalidad. Son muchas las multinacionales
que les han lanzado jugosas y cuantiosas ofertas, pero ellos
siempre se han mantenido firmes ante la tentación amarrados
en su propio sello, Eighteenth Street Lounge Music. Desde
ahí, y sin tener que rendir cuentas a nadie, Garza
y Milton se han hecho fuertes forjando un sonido imposible
fruto de las infinitas influencias musicales de ambos. El
resultado es un amplia amalgama de estilos que a la postre
han determinado los contornos de la silueta sonora del dúo.
¿Es posible hacer de la indefinición tu propia
definición? Thievery Corporation han demostrado que
sí, porque, donde unos ven mezclas atrevidas, ellos
vislumbran su horizonte creativo y es allí, a lo lejos,
donde realmente triunfan. Música latina, soul, jazz
futurista, bossa nova, funk, hip hop, reggae, pop, rock, ambient...
Cualquier etiqueta que se adapte a sus lentas pero seguras
estructuras rítmicas puede ser una fuente inagotable
de inspiración. Una inspiración por cierto que,
lejos de agotarse, sigue renovándose a medida que el
dúo americano va explorando nuevos flancos musicales
en las tiendas de vinilo de su ciudad. Cuatro LPs, sesiones,
discos de remezclas… la progresión de Thievery
Corporation sigue imparable hacia cumbres que muy pocos han
conseguido alcanzar apostando por el downtempo. Y en los festivales
hasta se dejan bailar. Los tendrás en Monegros y por
eso queremos que los conozcas mejor. Sigamos su rastro discográfico.
“Sounds from the Thievery
hi-fi” (Eighteenth Street Lounge
Music, 1997)
El primer disco de Thievery Corporation cogió a más
de uno con los pantalones bajados. Surgido en una época
en que todavía tintineaba el éxito del trip
hop, muchos catalogaron la fórmula del dúo de
oportunista, pero como suele pasar, el tiempo es el juez más
implacable y ocho añitos después las frecuencias
morfinómanas, los toques de hip hop abstracto y la
centrifugadora de estilos –del soul al reggae, pasando
por el pop- funcionan como una seda. Un álbum tan necesario
como visionario: como los buenos cavernets souvignons gana
con el tiempo.
“Abductions and reconstructions”
(Eighteenth Street Lounge Music, 1999)
Rob Garza y Eric Hilton no sólo son dos grandes productores,
también están de lo más solicitados en
materia de remixes. Quizás por eso, “Abductions
and reconstructions” es un disco tan absorbente como
fascinante. En él podremos descubrir algunas de las
reconstrucciones más interesantes y celebradas de la
primera etapa del dúo de Washington. Stereolab, Pizzicato
Five, David Byrne o Rockers Hi-Fi son algunos de los nombres
que pasan por el quirófano. Como cabe esperar, Thievery
Corporation llevan hasta su terreno la obra de cada artista
y le dan el toque downtempo marca de la casa. Para completistas.
“DJ Kicks: Thievery Corporation”
(K7!, 1999)
¿Qué podemos esperar de una sesión de
Thievery Corporation? Pues lo esperable. Garza y Milton no
están para tonterías y no quieren pasarse de
listos. Por eso, deciden deleitar a sus seguidores con una
buena dosis de títulos afines a sus coordenadas creativas.
Nada de sorpresas y de “yo soy más listo que
nadie”. Quizás por eso la colección de
canciones –mezcladas sin florituras, pero con suma eficacia-
que incluye este mix elaborado para la prestigiosa serie DJ
Kicks resulta tan coherente dentro de su variedad. Up, Bustle
& Out, A Forest Mighty Black, Jazzanova, DJ Cam o The
13th Sign acarician nuestro oídos y se acompañan
de dos temas inéditos de nuestro Thievery, amén
de una colaboración con Fu-Da-Men-Tal. Memorable.
“The mirror conspiracy”
(Eighteenth Street Lounge Music /4AD,
2000)
Si la evolución de un grupo como Thievery Corporation
pasa por engrandecer su espectro estilístico, no os
quepa duda de que “The Mirror Conspiracy” es el
disco que todos esperaban después de un debut como
“Sounds from the Thievery hi-fi”. El segundo larga
duración del dúo de Washington es más
y mejor. Hay más dub, se notan mucho más las
influencias jamaicanas, el elemento étnico cobra mucha
más importancia que antes (ahí está el
hit “Lebanese blonde”, con su sitar y todo)…
Los rastros del dichoso trip hop quedan esta vez mucho más
diluidos en favor de un muestrario de estilos mucho más
abierto y expansivo. Destacamos la cada vez más poderosa
influencia brasileña, palpable en la magnífica
“So com voce” con Bebel Gilberto y “Samba
tranquille”. No podemos pasar por alto tampoco la poderosa
influencia de la chanson, rastreable en temas como “Le
Monde” o “Shadows of ourselves” con la vocalista
gala Lou Lou. Otro triunfo.
“The richest man in Babylon”
(Eighteenth Street Lounge Music, 2002)
Si en “The mirror conspiracy” la influencia de
músicas extranjeras era cada vez más visible,
queda claro que “The richest man in Babilón”
es la confirmación de que ese es el camino más
coherente a seguir. Por eso, los sonidos hindús, jamaicanos
y brasileños cobran una personalidad mucho más
fuerte y definida, se hacen cada vez más poderosos
y le aportan la personalidad necesaria a los desarrollos en
clave de downtempo que Milton y Garza utilizan como base gastronómica
de todas sus recetas. Repiten vocalistas como Lou Lou o Pam
Bricker en lo que parece una continuación casi inmediata
de los postulados de su segundo disco. Una obra mucho más
perfilada y elaborada que le sirve al dúo para seguir
escalando en una progresión estilística lenta
pero segura.
“Babylon rewound”
(Eighteenth Street Lounge Music, 2004)
Para muchos, un ítem de coleccionista, para otros un
disco innecesario, lo cierto es que “Babylon rewound”
es la obra más dudosa y titubeante de Thievery Corporation.
Y es que básicamente, lo que hacen los de Washington
es coger ocho temas pertenecientes a “The richest man
in Babilón” y pasarlos por la mesa de operaciones
para darle un aire mucho más oscuro y dub. El resultado
es anecdótico y solo contentará a los que quieren
flotar en humaredas artificiales y a los fans muy fans de
la banda. Prescindible, como John Rambo.
“The outernational sound”
(Eighteenth Street Lounge Music, 2004)
Aunque muchos se quejaron de la pobreza de las mezclas, es
evidente que las ambiciones de “The outernational sounds”
van mucho más allá de ofrecer una simple sesión.
Porque este álbum realmente es una compilación.
Una compilación, eso sí, de canciones que de
una forma u otra han resultado de gran influencia para el
dúo anestésico. Jazz, Brasil, soul, funk…
lo de siempre, vamos. Con una lista con David Snell, The Troublemakers,
Major Force o Breakestra sólo nos queda recostarnos
en el sofá, entrecerrar los ojos y comprobar de primera
mano qué discos escuchan Milton y Garza en su casa.
“The cosmic game”
(Eighteenth Street Lounge Music, 2005)
Posiblemente, el mejor trabajo de Thievery Corporation en
toda su trayectoria, lo que ya es decir mucho. Al menos, lo
que está claro es que se trata del álbum más
ambicioso. Tan sólo hay que echar un vistazo a tres
de las colaboraciones para comprobar que van a por todas.
Ahí están David Byrne (Taklking Heads) , Perry
Farrell (Jane’s Addiction) y The Flaming Lips para darle
empaque a un disco que parece predestinado no sólo
a triunfar en Europa –nada nuevo en la trayectoria de
los chicos- sino también en los Estados Unidos, donde
todavía no han obtenido el justo reconocimiento. “The
cosmic game” es otro paseo a cámara lenta por
el universo multiestilístico de Thievery Corporation,
pero esta vez todo suena más grande y ambicioso. Si
tenemos que hablar de disco de madurez, “The cosmic
game” es el título indicado. Un álbum
deslumbrante y necesario en estos tiempos en que todo el mundo
quiere ser más original que nadie.
|