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La discografía de B12

Michael Golding y Steve Rutter forman una de las células de resistencia intelligent techno que más tardes de gloria nos han dado. B12 son sinónimo de belleza cósmica y electrónica en gravedad cero, unas leyendas vivientes de la electrónica más futurista y arriesgada, ya sea bajo su nombre más conocido o bajo los alias Musicology, Cmetric o Redcell. Su paso por Warp fue glorioso, pero no menos sus maxis en su propio sello B12 Records, algunos de los cuales ahora han vuelto a ver la luz en unas reediciones bien masterizadas que preceden el retorno, en este mismo año 2006, del grupo a la disciplina de Warp. Sí, amigos, B12 han vuelto después de casi diez años de silencio por la puerta grande, y Monegros Desert Festival será testigo de tan cacareado regreso con el único concierto en España de estos antiguos adalides de la inteligencia artificial. Ahí van sus joyas más impepinables.

Musicology: “Musicology”, 12” (B12, 1991)
Antes de fichar por Warp había vida, claro que sí. De hecho los de Essex tenían su propio sello y en él hacían sus pinitos y daban sus primeros pasos hacia la gloria electrónica, destilando en sus temas aquella influencia del techno de Detroit de carácter cósmico y ambiental que ya se empezaba a colar en Europa, el de Carl Craig y Derrick May. En este sensacional “Musicology” podemos apreciar el albor del sonido de un grupo fabricándose a sí mismo, tratando de encabezar la escala evolutiva de los sonidos más experimentales, sin perder vista las referencias básicas, esto es: Detroit, acid, electro, IDM y futurismo de salón. Cuatro temas  que dejan bien claro hacia dónde se dirigen los pasos de B12: el cielo, o mejor dicho el espacio, es el límite.

Musicology: “Outlook”, 12” (B12, 1992)
Vaya ítem. Las primeras 500 copias salieron en vinilo verde, todo un regalo para los coleccionistas y sin duda un preciado objeto de deseo en eBay y subastas similares, si es que lo encuentras y quieres pagar la pasta. Tanto este 12” como “Musicology” han sido reeditados recientemente para solaz de los fans, que seguramente habrán dado gracias al Gran Hacedor por poder hacerse con ambos. De nuevo, cuatro piezas de tintes cósmicos con el viejo sabor B12 de toda la vida, con cuerdas sintéticas, breaks y ritmos próximos al electro, pero teniendo en cuenta que estamos hablando de los comienzos de la banda. Aquí ya vemos el sonido B12 mucho más perfilado y maduro, con notables desvíos hacia los efectos futuristas y claros homenajes a Detroit muy sui generis y a la británica. Todo un sonido de marca.

Redcell: “Redcell”, 12” (B12, 1992)
La quinta referencia del sello B12 vino con las primeras 250 copias prensadas en vinilo púrpura y con un poso claramente ambiental, quizás menos rítmico que sus predecesores, pero con los destellos de genialidad característicos de B12. Aquí presentaban uno de sus muchos alias, quizá uno de los más conocidos del dúo Golding-Rutter y uno de los que ayudo a perfilar con más fuerza su identidad viajera. Otra joyita más que guardar en una caja alta seguridad: cotizadísima es poco. Algunos de estos temas reaparecerían más tarde en Warp.

Redcell: “Interim outerim”, 12” (B12, 1993)
Magnífico trabajo de artesanía electrónica con el membrete B12. Si por algo vale la pena esta maravilla está claro que es por el primer corte, “Interim”. Se trata de una pieza magistral que comienza con unas cuerdas emocionantes, que se deslizan sobre un beat fragmentado y crean una paisaje sonoro subyugante e hipnótico que se encuentra a medio camino entre el dancefloor y la música de habitación. En fin, otro tema inspiradísimo incluido en un 12” cuyas primeras 300 copias salieron prensada en vinilo blanco.

Redcell / Stasis: “Untitled” (B12, 1993)
Poco que decir sobre esta maravilla. Se trata de una compilación con los maxis que sacaron bajo el nombre de Redcell en la que también se incluía el primer trabajo de Steve Pickton, otro de los artistas históricos de la corriente intelligent techno inglesa y que firmaba con el nombre artístico de Stasis. Este disco es una rareza difícil de localizar, ya que se publicó en una tirada limitadísima que se agotó muy rápido y hace ya más de diez años que permanece descatalogado, aunque vale la pena rastrear su pista, localizarlo y, si se puede, pagarlo, porque no sólo estamos ante un codiciado ítem de colección, sino también ante uno de los más logrados manifiestos del techno de arte y ensayo inglés de principios de la década pasada. Un viaje necesario para los que no compran vinilo y quieren tener las primeras producciones de los de Essex en la estantería. Suerte.

B12: “Electro soma” (Warp, 1993)
Resulta difícil catalogar esta maravilla con una sola etiqueta. Por mucho que la gente hable de IDM o techno inteligente –la pregunta es: ¿existe el techno estúpido?-, “Electro soma” es un álbum en el que se aprecian tantos trazos de la mejor electrónica, tantos matices, tantos desniveles, que reducir su grandeza a una sola palabra resulta hasta ofensivo. El debut en formato larga duración de los británicos fue un revulsivo abrumador, porque consiguió macerar en el mismo bote de conservas lo mejor del acid, el sonido Detroit y el electro. Pero la mezcla no fue obvia ni mucho menos. B12 le aportaron al mejunje su sello particular, es decir, ese hálito intergaláctico que tanto les gustaba, ese deje cósmico que, desde ese instante, marcaría por completo su trayectoria. Ritmos de house y techno incrustados en el visor de un astronauta a golpe de Roland, sonidos extraídos de un agujero negro pegados a la entrepierna de E.T., marcianismo electrónico de primer orden. Sí, “Electro soma” es una maldita obra maestra, un disco que ejemplificó como pocos lo de electrónica intelectual para bailar y escuchar en casa, copita de jerez en mano. Si quieres algo más noventas sólo te queda una opción: cómprate un disco de Echobelly. Masterpiece y no se hable más.

B12: “Prelude part.1” (B12 Records, 1993)
Magnífica compilación de los maxis que el grupo editó en su primera época y en su propio sello, B12 Records. La recopilación resulta tan nutritiva como el material que por aquel entonces también manufacturaban para la escudería de Warp. En ese sentido, “Prelude part.1” nos regala una visión a miles de años luz de la Tierra de la música electrónica, una lectura particular a lo B12 sobre cómo tendría que ser la música del futuro. Una vez más, el poso de Detroit colorea y da sabor a un discurso edificado sobre el drumkitt de Roland y sazonado con especias acid, amén de una espesa salsa de techno galáctico y un surtido de efectos robóticas marca de la casa. Nexus 6 dijo en “Blade runner” antes de morir (no hagáis caso al doblaje original) que esta era su compilación favorita. Por cierto, la encontró en la constelación de Orion a mitad de precio: nada como saber buscar las gangas.

B12: “Time tourist” (Warp, 1996)
Si “Techno soma” nos dejó con la boca abierta, “Time tourist” casi nos lleva a la cama de una UVI. Diablos, vaya pedazo de disco, vaya trabajo de orfebrería, vaya maravilla. “Time tourist” es el disco que todo fan del intelligent techno hubiera querido grabar, sin duda. Majestuoso, avanzado, experimental, sinuoso, bailable, calmado… La portada ya nos pone sobre aviso, con esa nave espacial que atraca en un puerto de Saturno: aquí solo miramos hacia delante, mínimo cien años vista. En fin, el segundo LP de los británicos lo tiene todo. B12 llevando al paroxismo su etiqueta sonora y elevando el listón hasta la mismísima estratosfera. El componente espacial y futurista alcanza una nueva dimensión en un trabajo abrumador en el que, como si fueran cuerpos celestes a millones de kilómetros de nuestro planeta, chocan estilos como el sonido Detroit, la IDM y el electro. El funk se convierte en un chirrido alienígena, los efectos parecen sacados de una gastritis marciana, los motores de la nave Enterprise rugen como cabritos enfermos. Esto es demasiado grande. Diez años después, sigue siendo una obra del todo insuperable.

B12: “3EP”, 12” (Warp, 1998)
Una pequeña joya a disfrutar por los más exquisitos. “3EP” es una deliciosa curiosidad en la que podremos atender a tres desarrollos de unos siete minutos cada uno en los que B12 exhibieron la influencia que el jazz ha ejercido en su trayectoria musical. De hecho, cada una de las piezas tiene el nombre de un famoso jazzman como título, lo que ya dice mucho sobre lo que nos espera. Estamos ante el último trabajo que los británicos grabaron para Warp antes de su partida y posterior retorno al sello de Sheffield casi diez años después, en este mismo 2006. Más rítmico de lo habitual, con claras influencias del techno de Detroit bañado por el jazz (Carl Cragi, Galaxy 2 Galaxy, As One), “3EP” es un claro homenaje al techno cósmico, como solo ellos saben hacerlo. Sencillamente unos maestros de tomo y lomo.