La discografía de Nitzer Ebb

A finales de los 80 dejaron un espeso esputo en el mercado musical con una propuesta abrasiva de la que cuesta mucho despegarse una vez has entrado en su juego. Nitzer Ebb, o lo que es lo mismo, Douglas McCarthy y Bon Harris, han sido demasiado grandes y lo saben. Por eso han decidido volver a los ruedos, para recuperar la energía desgarradora de sus directos más célebres y demostrar que su fórmula no sólo sigue vigente en sus discos, sino en los de la mayoría de DJs y productores de techno actuales. El dúo más agresivo de la escena EBM, la respuesta inglesa a grupos como Front 242 o Skinny Puppy, las bestias más pardas, diseccionados aquí, para todos vosotros, a través de sus mejores discos.
“Let your body learn”, 12” (Power of Voice Communications, 1986)
Vaya temazo, por Dios bendito. “Let your body learn” es una pieza que sabes que pasará a la historia y nunca pasará de moda, de hecho estará sonando en los clubs el mismo día antes del Ragnarok, el Apocalipsis, el Juicio Final o llámalo como te dé la gana. “Let your body learn” es un trueno, el motor de un McLaren rugiendo en el padock, el chillido del bebé lagarto de V al nacer, las quejas inútiles de un berraco el día de su San Martín. Este maxi es puro dolor. Estamos ante el gran clásico de la EBM, energía en estado virginal, incorrupta, con toda su fuerza intacta. Y la descarga es de las que te dejan el tímpano hecho una pasita reseca. Porque si algo tenían los grandes Nitzer Ebb es ese componente de agresividad tan imprevisible. Y esa sensación de peligro sonoro es lo que transpira este 12” en su versión original y más cruda, un cóctel Molotov que precedió lo que ahora conocemos como hardcore techno y que se ha convertido en un himno clubber gracias a que Richie “Oneto” Hawtin lo pinchara en su célebre mix “Decks, EFX & 909”. Así es. Cuando todo el mundo había olvidado a Nitzer Ebb, el canadiense se puso a pinchar este temita como si le fuera la vida en ello, revitalizando así al grupo y manteniendo viva una llama que, como dijo Morrisey, nunca se apagará.
“That total age” (Mute, 1987)
Douglas McCarthy y Bon Harris se las apañaron y muy bien para convertir el motor enfermo de una locomotora fantasma en música para nuestros oídos. Y lo hicieron a base de darle hostias al oyente hasta dejarle con las nalgas insensibles. Su fórmula estaba muy clara: cogemos el sonido del industrial más cazallero, ponemos un toque vocal a lo garrulo style, inyectamos una mínima melodía y ponemos las tripas en Roland sobre Roland como si fuéramos samuráis de la electrónica. Diablos, lo que hicieron estos británicos tiene muchísima tela. Se pusieron la etiqueta de EBM en la entrepierna y dijeron: “cógela si tienes bemoles”, y lo que les salió fue un LP hinchado con mala hostia y una agresividad bailable que no te permite reaccionar. ¿Temazos? “Join the chant”, con una línea de bajo y una percusión sacadas de la mismísima jungla. “Let your body learn”, claro que sí. “Murderous”, con es palpitar electrónico que golpea las sienes… En fin, sencillamente brutal ¡¡¡¡¡y ya está!!!
“So bright, so strong” (Teldec, 1988)
Si Xuxa hubiese escuchado este disco a los 15 años ahora sería una buscona de carretera con varias adicciones. Por suerte, le dio por coleccionar toda la discografía de Torrebruno y la chica se nos volvió buena. Y es que “So bright, so strong” es otra piedra en la sien, otra muñequera de pinchos clavada en la glotis, otro japeto en la pechera de tu Armani. Estamos hablando de una compilación de singles, 7”, 12” y rarezas varias pertenecientes a la primerísima época del grupo. Casi nada. Su etapa más salvaje y contundente embutida en un solo CD para deleite de los más fanáticos; todo un viaje por los comienzos de una banda que desde el primer día que entró en un estudio se encargó de demostrar que la rabia, el ruido y la mala leche también pueden convertirse en buena música. ¿Integrismo industrial? ¿Radicalismo EBM? Toma, claro.
“Belief” (Mute, 1989)
El segundo álbum de Nitzer Ebb no decepciona en absoluto. Más bien es la confirmación absoluta de un discurso apocalíptico, sin agarraderos de optimismo, un discurso que toma la pista de baile como un altar religioso y se muestra al oyente en una suerte de liturgia inimitable. Así son Nitzer Ebb: el techno y el industrial de encuentran en una lucha de tensiones y encuentran en las proclamas vocales su mejor atenuante. Pero diablos, ese nihilismo, es cabreo con el mundo, ese odio y agresividad alcanzan una nueva dimensión en un LP repleto de grandes momentos. Los sintetizadores cabalgan sobre guitarras desbocadas y ritmos technoides que parecen sacados de una taladradora de excrementos de Alien. Nine Inch Nails y similares aprendieron a caminar con estas canciones, de eso no os quepa ninguna duda.
“Showtime” (Mute, 1990)
Posiblemente, una de sus mejores obras. Conserva la rabia y el caos sonoro de los alemanes D.A.F., pero se adapta a los tiempos que corren ofreciendo una gama de sonidos y arreglos mucho más sofisticada y elaborada. El resultado del mejunje es una bofetada dolorosa de EBM en estado de irritación máxima, con homenajes evidente a Foetus y una oscuridad imperante que se traduce en rabia y hastío una vez más. En el apartado musical, vuelven con sus atmósferas recargadas, con el impacto ambiental y auditivo de un LP arrollador que hace pupa y desgasta la felicidad del oyente. Sí, posiblemente es más accesible, pero al mismo tiempo más sofisticado y evolucionado Y eso mol.
“Ebbhead” (Mute, 1991)
Uno intento fallido, una forma de perder un poco la dirección, y eso todos los fans de la banda lo saben. Con “Ebbhead”, Douglas McCarthy y Bon Harris no consiguieron lo que quizás se proponían, sirviendo un LP a medio camino, poco definido y con algunos toques pop que le hicieron perder toda su agresividad y contundencia. ¿Tiempos pasados fueron mejores? Quizás no, pero seguramente cuando este LP llegó muchos debieron pensarlo. Y se equivocaron, porque Nitzer Ebb han vuelto por la puerta grande y con ganas de demostrar que siguen teniendo un directo arrollador. A veces es necesaria la perspectiva del tiempo para finiquitar nuestros juicios más apresurados. Digoooo…
“Big hit” (Mute, 1995)
El último LP del dúo fue el epitafio que cabía esperar. Un compendio de sonidos sin conexión alguna entre ellos que trataban de sobrevivir en un contexto musical un tanto irregular. Sí, los días finales del grupo estaban resumidos en un disco fallido donde Nitzer Ebb parecían estar imitando a Ministry y no viceversa. El rock tecnificado del álbum poco tenía que hacer en un mercado dominado por The Prodigy y otros grupos mucho más avezados a las nuevas tendencias. Aquí terminó la andadura del grupo, pero no de forma definitiva. Al cabo de unos años volverían para deleite de los fans en plena forma, con ganas de romper oídos de nuevo.
Fixmer & McCarthy: “Between the devil” (Planete Rouge, 2004)
La alianza de Douglas McCarthy con Terence Fixmer resultó ser más provechosa de lo que muchos podían vaticinar. El hijo que surgió de este matrimonio fue un curioso artefacto que trataba de revindicar, con el debido respeto, la EBM de ayer hoy y siempre. Los resultados fueron satisfactorios y demostraron que ambos, sin tener la química de Nitzer Ebb, podían convertirse en un apetitoso aperitivo para el gran retorno. Benditos.
“Body of work. 1984-1997” (Mute, 2006)
“Body of work” es quizás el homenaje más acertado que se le podía hacer a una trayectoria tan deslumbrante y llena de momentos imborrables. Ritmos cuadriculados y extremadamente poderosos, tono agresivo y beligerante, cánticos a pelo que parecen sacados de una grada llena de hooligans… Sus mejores canciones cobran en esta compilación una nueva dimensión. Juzgadas con el tiempo, con la tranquilidad de disponer de todas ellas en un mismo CD, el oyente aprecia todavía más la grandeza de un grupo que dejó huella y vuelve con la fuerza de un ciclón para rememorar esos temazo en directo: recuerda que los veremos en Monegros. Por si fuera poco, el repaso de tan brillante carrera viene con CD adicional en el que podremos atender a remezclas de algunos de sus mejores cortes, a cargo de algunas de las lumbreras más inspiradas del electronic parade. Exhaustivo, histórico, cargado de una mística imposible, “Body of work” es una obra que hace sobrada justicia a una banda cuyo legado será prácticamente imposible de olvidar.
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