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DJ Hell: esto es un infierno
"A lo que usted llama infierno, Rambo lo llama hogar"
(Coronel Trawman, en "Rambo")


Helmut Geier es como Jimmy Giménez Arnau. Está de vuelta de todo, es un tipo brillante y no se baja los pantalones ante nadie. Sólo la música dicta su credo y filosofía vital. Con los cuarenta superados desde hace tiempo, esta máquina muniquesa sigue siendo santo y seña en la escena electrónica mundial. Nadie se atrevería discutir la supremacía de un tipo que lleva muchos años dándole más vueltas a una tuerca musical, la del techno, que sólo se resiste ante los auténticos genios. DJ Hell clava siempre su llave inglesa con el poder de una pezuña caballar y lo hace reinventando géneros, demostrando que una sesión no es lo que muchos nos venden y que, en definitiva, los maestros son los maestros por mucha pata de gallo que gasten. Helmut Geier, además, es el padre de una de las plataformas marcianas más observadas por los principales telescopios clubbers. Gigolo sigue siendo un sello referencial y una de las canteras más talentosas de nuevos valores. Hell tiene un olfato muy especial y sabe reconocer la calidad en cuanto la ve. Y así le ha ido: un catálogo lleno de hits, lleno de grandes productores y con una variedad de estilos que nada tienen que ver con el dichoso electroclash que un buen día la prensa le colgó en la chepa cual figurita de papel en los Santos Inocentes. Una enciclopedia música con patas, un DJ increíble, un productor visionario, un nombre: Hell, Hell, Hell y nadie más que Hell.

Cuéntanos cómo se despertó en ti la pasión por la música electrónica. ¿Qué encontraste en este tipo de música que cambió tu vida?
La música me interesa desde el día en que nací. Mi primer disco tiene un tema en el que intenté emular lo que los niños escuchan en el feto. En fin, que desde que tengo uso de razón siempre me ha fascinado, siempre me ha atraído. Recuerdo que escuchaba toda la música que podía en la radio, día y noche pegado al aparato. Me encantaban unos discos que mi madre tenía de música alemana y música de baile primigenia. Con mi primer sueldo compré discos y ropa de los años 70, no miento. No lo sé, la música es algo que siempre ha estado en mi cabeza.

Pasan los años para todos, pero no parece que hagan mella en ti. ¿Todavía te ves con fuerzas de hacer tours y seguir pinchando?
Siempre he pensado que las mejores actuaciones son las que están por venir. Es la forma de mantenerse fresco y poder mirar siempre hacia delante. A veces puedes tener noches malas, noches en las que piensas en dejarlo, pero yo hago como Roger Federer, no pienso en la derrota, sino que siempre tengo la mente en el próximo partido. Llevo a mis espaldas miles de actuaciones y sesiones y no me canso. Es una profesión en la que no hay nada rutinario o previsible. Cada noche te espera algo nuevo, nunca sabes lo que pasará en un club u otro. Eso es lo grande de trabajar en la noche. Sí, puede ser que no duermas todo lo que querrías, pero disfrutas de tu trabajo con una intensidad brutal.

¿Cómo ves el estado de la música electrónica actual, sobre todo en tu país, Alemania?
Pues la verdad es que muy bien. En Gigolo recibimos grandes cantidades de demos y material, lo que significa que hay mucha gente metida en esto de la producción, muchas ganas de expresarse a través de la música de baile. En Berlín, por ejemplo, hay unos 50 clubs en funcionamiento, y puedes encontrar un club para cada estilo de música, es increíble. En una escena mundial tan efervescente siempre he visto Gigolo como una plataforma que ha captado perfectamente la vida y la excitación de una cultura musical que está en pleno apogeo. Creo que dentro de diez años se contemplará esta época como un momento muy importante de la historia de la música, más de lo que pensamos ahora.

Has hablado de Berlín. ¿Eres de los que creen que Berlín es ahora mismo la capital mundial del techno?
Es un hecho irrefutable. Basta con que veas la cantidad de productores y DJs que se han mudado a Berlín. Es una ciudad increíble, una ciudad que acoge a la gente sin problemas. Además, Berlín no duerme nunca. A cualquier hora del día puedes encontrar una fiesta con buena música electrónica, no existen los límites de horas, es perfecto. Además, es una ciudad que apuesta decididamente por la cultura juvenil, hay muchas exposiciones, desfiles de moda, proyecciones de videoarte. Por supuesto hay sellos y DJs a montones, lo que le da a la ciudad mucha vida musical. El nivel de creatividad de la gente que vive allí es increíble, sin duda.

¿Y qué nos dices de Nueva York? ¿Sigue siendo una de tus ciudades favoritas?
Es la ciudad y punto. Es una ciudad increíble que me inspira en todo momento. Cada cierto tiempo necesito ir allí y coger algunas ideas, ¿sabes? Es una ciudad que es pura energía, que te transmite cosas siempre. La verdad es que "NY Muscle" era un disco puramente neoyorquino, todo lo que oyes ahí está inspirado en algo de esa ciudad. Mucha gente no lo sabe, pero estuve viviendo en Nueva York en el 94. Me siento muy a gusto en esa ciudad, es un lugar en el que no tengo que explicarme, todo el mundo me entiende y me sigue. Ya sabes, los freaks siempre terminan juntándose, y en NY eso es un hecho. No me siento como un marciano y eso es importante.

Has trabajado con gente muy importante y con otra que quizás no lo es tanto. Lo que queremos decir es que pareces un artista al que le gustan las colaboraciones. ¿Es así?
Me encantan. Creo que trabajar con otros artistas es importantísimo, me encanta observar cómo trabajan. Se trata de un proceso de aprendizaje muy interesante, pero está claro que tengo que tener algún tipo de conexión con la otra persona, si no es así no me vería capaz de hacer una colaboración. Me gusta ese contacto directo con otras formas de concebir la música, no me gusta estar siempre solo en el estudio. Otra cosa muy importante es que canto como una almeja, de modo que de vez en cuando necesito a alguien que sepa cantar.

También tienes fama de cuidar mucho a los artistas de Gigolo. Son como de tu propia familia, ¿es eso cierto?
Sin duda, siempre me ha gustado mantener una relación estrecha con mis artistas. Con algunos de ellos ha nacido una amistad sincera, y eso me encanta. Lo primero para mí es estar cómodo con la familia Gigolo. Cuando elijo un artista para el sello siempre funciona por instinto, siempre tengo en cuenta lo que dicta la nariz, si me da buenas vibraciones el artista en cuestión, ya sabes... Me gusta acogerlos, mostrarle mi confianza e incluso darles consejo. Además, con el tiempo he aprendido que la mejor forma de que tus artistas estén cómodos y te respeten es que les dejes hacer lo que quieran, no les impongas límites o les digas lo que tienen que hacer. Es así de fácil. ¡y funciona!

¿Todavía te escuece lo de la dichosa etiqueta del electroclash? ¿Crees que aquello fue todo un invento de la prensa?
No lo sé, la verdad es que ya no me importa una mierda. Lo que yo intenté hacer con Gigolo fue intentar revivir el espíritu de grupos como Afrika Bambaataa en el sentido de que cogimos la música electro y la mezclamos con otros sonidos, como el pop de los 80, intentamos buscar un nuevo estilo, algo fresco. Incluso apostamos por un formato como el directo cuando en esa época solo había DJs y actuaciones en formato sesión. Mi intención era traer nuevas caras a la escena, gente que ofreciera buenas actuaciones sobre un escenario, que hiciera algo excitante. Lo bueno es que de repente la prensa comenzó a hablar de electroclash y aquello se desmadró. Nosotros éramos electroclash, Chicks On Speed era electroclash, Felix da Housecat era electroclash, yo era electroclash. Era ridículo.

¿Qué pensabas de todo aquello? ¿No tenías la sensación de que cualquier artista podía caer en la categorización de la prensa?
La verdad es que cada vez que leía alguna revista y veía algunos nombres vinculados al electroclash, me reía, de verdad. Aquello era cómico. Hasta el mundo de la moda era electroclash, no sé, era ridículo. Recuerdo que hasta dijeron que Fischerspooner era electroclash, y estoy seguro de que Casey Spooner en su vida ha escuchado un disco de Afrika Bambaataa. Y ahora, mira cómo está la cosa. Ya nadie habla de electroclash, Peaches ha dejado de ser electroclash, incluso yo he dejado de pinchar electroclash. A veces, reflexionas y te das cuenta de hasta qué punto pueden ser incoherentes e incluso destructivos estos hypes. Cuando pasó de moda lo del electroclash, parecía que Gigolo ya no tenía nada que decir, ya no era un sello cool. Así funcionan las cosas, pero ¿sabes qué? Si Gigolo ha dejado de ser hype o no es una discusión que me importa una mierda.

Siempre te has definido como un DJ de la vieja escuela. ¿Sigues considerándote un romántico de los platos?
Siempre lo he afirmado. Soy de los que piensan que para triunfar en esto hay que picar piedra. Sudo la camiseta y me gusta. Me encanta seguir las reacciones de la gente, me gusta joder con los ecualizadores, me gusta mantener en vilo a la pista con continuos cambios de estilo, con mezclas explosivas. No conozco otra forma de pinchar. En mi trabajo veo a miles de personas bailar. Mujeres, hombres, da igual. Mi único objetivo cuando me pongo tras unos platos es hacer bailar a cuanta más gente mejor, sólo pienso en eso. Me gusta someterlos a un trance hipnótico, por así decirlo. La música puede hacerte llorar, reír, bailar, olvidar tus males, la música es una puta terapia. La música es mi vida y cuando me ves pinchar me ves tal como soy, es como mi ADN expuesto.

Eres un veterano y has vivido las distintas fases de la música electrónica y todo eso. ¿Cómo ves la actual situación de los productores, con internet y la filosofía del do it yourself más fuerte que nunca?
Bueno, tengo que decir que lo que antes se conocía como control de calidad ya se ha esfumado, no existe esa barrera. Todo el mundo airea sus producciones a través de Myspace o donde sea, y además puedes hacerte con ficheros comprimidos en cualquier parte. La industria musical ha experimentado un cambio impresionante. Lo mejor es que hemos aprendido a hacer lo que nos da la gana con las nuevas tecnologías y eso es bueno, porque podemos manipular, cambiar, perfeccionar y pulir nuestras producciones hasta lo indecible. Si me preguntas, el 2007 fue un año decepcionante, pero veo el 2008 distinto, con muchísimos artistas interesantes que piden a gritos su trozo de pastel.

¿De qué lado estás en la polémica vinilo contra CD contra mp3?
De todos, la verdad, nunca he sido un purista. Creo que tenemos que salvar al CD, porque el vinilo siempre estará ahí, nunca desaparecerá. Y el mp3 es lo más práctico que hay y te ahorra muchos quebraderos de cabeza de espacio y todo eso. Los tiempos cambian, ¿no?

¿Hay ganas de ir a Monegros?
Adoro el público español, me encanta la filosofía de este festival, qué puedo decir. ¡Nos vemos dentro de nada!


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